EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN: UN REFLEJO DE LA CRISIS DE LA AUDIENCIA DE CANARIAS EN EL SIGLO XVIII


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1 68 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN: UN REFLEJO DE LA CRISIS DE LA AUDIENCIA DE CANARIAS EN EL SIGLO XVIII P O R RESUMEN La biografía del pintor barroco canario sigue presentando todavía algunos aspectos no conocidos o, al menos, mal conocidos. Se conocía su ausencia de las Islas Canarias y su presencia en tierras peninsulares, pero se desconocía el cuándo y el por qué, las circunstancias que rodearon su salida, su destino, etc. En el presente trabajo encuentran respuesta algunas de estas cuestiones. Es el caso de su salida de las islas a fines de 1757 o principios de 1758 con destino al presidio de Orán a cumplir la pena de seis años que le impuso en 1752 el Juzgado ordinario de La Laguna, en primera instancia, y ratificó en 1755 la Real Audiencia de Canarias, en segunda, por los delitos de «trato ilícito» cometido con Juana Martín, con la que al parecer tuvo varios hijos, y portar armas desnudas en el momento de su detención. Palabras clave: Pintor, barroco, delitos, cárcel, presidio, Orán, Audiencia, Islas Canarias. ABSTRACT The biography of the baroque canarian painter still continues presenting some aspects not known or, at least, badly known. It was known his absence of the Canary Islands and his presence in peninsular Spain, but it was not known when and why, the circumstances that surrounded his exit, his destination, etc. In the present work some of these questions find an answer. This is the case of his exit from the Islands at the end of 1757 or the beginning of 1758 with destination to the prison of Oran to serve a sentence of six years given to him in 1752 by the Ordinary Court of La Laguna, in the First Instance, and this was ratified in 1755 by the Royal 265

2 2 High Court of the Canary Islands, in Second Instance, for the crimes of «illicit relationship» committed with Juana Martin, with whom apparently he had several children, and for carrying naked weapons in the moment of his detention. Key words: Painter, baroque, crimes, jail, prison, Oran, High Court, Canary Islands Los estudios realizados por diferentes autores desde el siglo XIX hasta nuestros días sobre Juan Ventura de Miranda Sejas y Guerra 1, uno de los principales pintores canarios barrocos, aún no han logrado esclarecer del todo su vida y su obra pictórica 2. Juan de Miranda nació en Las Palmas, en el barrio de Triana (Gran Canaria), el año 1723, trasladándose en a La Laguna (Tenerife), donde firmará sus primeras obras al año siguiente de Desde entonces, como ha señalado Margarita Rodríguez, casi no se vuelve a tener noticias de su producción y de su persona hasta fines de la década de Un «suceso» ocurrido en La Laguna en 1752 vino a alterar su vida, perdiéndose su rastro desde mediados de la década de 1750 hasta el año 1767 en que se le ve trabajando en el oratorio del Ayuntamiento de Alicante, recorriendo posteriormente otras regiones y ciudades peninsulares hasta regresar de nuevo a las islas en 1773, pasando a establecerse en Santa Cruz, donde, tras visitar distintas ciudades canarias y continuar su obra pictórica, fallece en A grandes rasgos, éste es el perfil biográfico conocido del pintor Juan de Miranda. En el presente trabajo pretendemos abordar algunos de los aspectos desconocidos o, al menos, no bien conocidos, sobre su vida y obra, tales como la naturaleza y 1 ANÓNIMO (1866), A. MILLARES TORRES (1978), S. PADRÓN ACOSTA (1948), S. PADRÓN ACOSTA (1946a), S. PADRÓN ACOSTA (1946b), M. DÍAZ PADRÓN (1956), F. G. MARTÍN RODRÍGUEZ (1978), M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ (1986 y 1994). 2 F. G. MARTÍN RODRÍGUEZ (1978), F. G. MARTÍN GONZÁLEZ (1978), C. FRAGA GONZÁLEZ (1982). 4 S. PADRÓN ACOSTA (1946a y 1946b). 5 M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ (1994),

3 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 3 consecuencias del «suceso» que alteró su vida, el cuándo y motivo de su marcha y ausencia de las Islas Canarias y de su presencia en tierras peninsulares, el tiempo de permanencia fuera de las islas 6, así como la obra pictórica realizada en el periodo comprendido entre 1749 y La marcha o salida de Miranda de las islas no fue voluntaria sino forzada al ratificar la Audiencia en 1755 la condena que, «por trato ilícito y demás excesos», se le impuso en 1752 a purgar sus delitos en uno de los presidios de África. No obstante, la ejecución de la sentencia se dilató hasta 1757 debido, según el fiscal Julián de San Cristóbal, a los «voluntarios recursos» presentados por Miranda y admitidos por el regente Gonzalo Muñoz Torres 7, considerado por el fiscal su principal va- 6 E. GIMÉNEZ LÓPEZ (2002), Muñoz Torres, nacido en Andalucía el 4 de noviembre de 1697, entró a estudiar leyes en el colegio de San Miguel de Granada por septiembre de 1716 y hasta enero de 1720, convirtiéndose en 15 de agosto de este año en miembro del colegio de Santa María de Jesús de Sevilla al ser su intención doctorarse en Cánones por dicha Universidad, lo que logró en noviembre de Fue Catedrático de Decretales y Vísperas de la Universidad de Sevilla. «Corridas las caravanas de colegios y universidades», en palabras del propio regente, arribó a la Corte en 1728 donde permaneció hasta principios de 1735 «en solicitud de merecer de la piedad del rey el muy estimable honor de seruir a S.M. con la toga». El 4 de mayo de 1733 fue consultado por la Cámara de Castilla, en primer lugar, para una plaza de alcalde del crimen en la Audiencia de Sevilla (provista por el rey fuera de consulta en don Pedro José Ramos) y el 21 de octubre lo fue, en segundo lugar, para la plaza del crimen de la Corte Mayor del Reino de Navarra, si bien no le fue comunicado su nombramiento para esta plaza por el gobernador del Consejo cardenal Molina hasta el 28 de octubre de Antes de venir a Canarias, sirvió 21 años en el Consejo de Navarra en 1740 era el ministro más moderno de dicho Consejo, expidiéndosele título de regente de la Audiencia de Canarias en San Lorenzo el 14 de octubre de 1755, en lugar de don Antonio Varela Bermúdez, promovido a la Audiencia de Asturias. El 18 de abril de 1756 arribó a Gran Canaria en el mismo navío que traía al oidor José García Cavero y tomó posesión el 21 de abril. Permaneció en el cargo hasta la mañana del 28 de noviembre de 1767 en que abandonó la isla por promoción a la Audiencia de Pamplona. E. GIMÉNEZ LÓPEZ (2002), A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, fs. 109 r.-v., pieza 3 f. 69 r. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Libro de Títulos de la Real Audiencia, núm. 36, años , f. 174 r. 267

4 4 ledor o defensor, o, en opinión de dicho regente, a los aplazamientos que le fueron concedidos por la Audiencia. Fuese quien fuere el responsable o causante del retraso en la ejecución de la sentencia, lo cierto es que la remisión a su destino fue el resultado de la crisis o enfrentamiento que se ha ido gestando en el tribunal canario desde que el regente don Gonzalo Muñoz Torres comenzó a ejercer su empleo por los cambios introducidos en su gobierno. Así pues, a instancias del fiscal Julián de San Cristóbal Eguiarreta 8 y, en menor medida, de los oidores Fran- 8 Nacido en 1726, a los 14 años servía de «pagesico» a don Francisco de Añoa y Busto, arzobispo de Zaragoza y al tiempo obispo de Pamplona. Estaba en el colegio mayor de San Bartolomé de Salamanca cuando se le concedió la fiscalía de la Audiencia de Canarias en lugar de don Manuel Hernández Vallejo (título expedido, en Madrid, el 5 de junio de 1751), ascendido a fiscal de la chancillería de Granada. A Julián San Cristóbal se le expidió título, en San Lorenzo, el 21 de noviembre de 1756, tomando posesión el 29 de agosto de 1757 pese a que el 5 de agosto se le habían concedido dos meses más de término por estar detenido en Cádiz por los vientos contrarios. Su arribo a Gran Canaria debió ser un tanto tormentoso a tenor de la carta que escribe al regente Muñoz Torres desde Agüimes el 27 de agosto de 1757, remitida por un religioso dominico. En ella señalaba el nuevo fiscal que, «desde esta Villa, y a las dos de la mañana, renuebo a Vs. mi atención y respeto que, según los trabajos y apuros en que me he visto al borde desta ysla, creí no se me proporcionase este gusto y el de ponerme a los pies de mi señora doña María Juachina (mujer del regente), que espero tenerle el sábado a la noche, descansando algún tanto en el buen alojamiento que me (h)a preparado este señor alcalde». El 20 de mayo de 1758 se casó con una hija de don Antonio Monteverde, vecino de las Palmas y viuda del coronel don Francisco de Matos, por cuya razón, señala el regente Muñoz Torres, «está enrredado en pleytos, en este jusgado ordinario por la representación de su muger, con don Juan de Matos, hermano del difunto y succesor de su quantioso mayorasgo, por hauerle dejado su primer marido el terzio de sus bienes libres, viviendo la madre de los dos, cuyos pleytos hasta la hora presente (1760) no han llegado a ventilarse en la Audienzia, pero si los muchos que ha tenido y tiene actualmente uno de mucha entidad su suegro el referido don Antonio». Permaneció en el cargo hasta el año 1768, embarcando para Tenerife el 23 de agosto para seguir a su destino como oidor de la chancillería de Granada. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Libro de Títulos de la Real Audiencia, núm. 36, años A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 51 r. y pieza 3, f. 77 v. 268

5 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 5 cisco Buitrago 9, Miguel Barreda 10 y José García Cavero 11, enfrentados con el regente por los cambios introducidos en el gobierno de la Audiencia, Juan de Miranda fue enviado a fines de 1757 al presidio de Orán, desde donde, tras cumplir su condena, recaló en la Península a mediados de la década de 1760 recorriendo diferentes ciudades hasta su regreso a Canarias el año En palabras del fiscal Julián de San Cristóbal, la reconvención hecha por la Audiencia al regente para que Miranda fuese remitido a su destino fue la «causa de la primera discordia pú- 9 Era auditor de guerra en la plaza de Orán cuando se le despachó título en lugar de Alonso Pascual, destinado a la plaza de alcalde mayor de la Real Audiencia de la Coruña, en Madrid el 23 de noviembre de 1748, ampliándole el plazo para tomar posesión el 8 de febrero de 1749 y la tomó el 7 de enero de A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Libro de Títulos de la Real Audiencia, núm. 36, años , f. 135 v. 10 Entró en el ministerio con poca edad, siendo entonces colegial del Mayor del arzobispado de la Universidad de Salamanca. Se le despachó título en Buen Retiro el 29 de enero de 1750, en lugar y en atención a los méritos de su padre don Manuel Barreda, que fue durante muchos años ministro en esta Audiencia, primero como fiscal y después como oidor, quien por su muerte dejó a su mujer e hijos «en una total pobreza» que para su socorro dio Fernando VI a don Miguel la plaza de oidor, tomando posesión el 17 de abril de Contrajo matrimonio con una mujer natural de Las Palmas, de lo que, según el regente Muñoz Torres, «se siguen grauíssimos inconvenientes por la muy dilatada parentela de su muger, que toda la más recide en esta dicha ciudad». El 22 de agosto de 1769 embarcó para Tenerife y de allí a España para ocupar la plaza de oidor de Valladolid. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Libro de Títulos de la Real Audiencia, núm. 36, años , f. 50 v. A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, pieza 3, f. 77 r. 11 A los oidores Buitrago y Barreda se unió el oidor don José García Cavero, colegial de los Verdes de la Universidad de Alcalá cuando el rey le honró con este empleo, expidiéndole título en lugar de don Miguel Arredondo Carmona, ascendido a alcalde del crimen de Granada, en Buen Retiro el 13 de abril de Tardó en venir a las islas pues arribó a Gran Canaria el 18 de abril de 1756 en el mismo navío que el regente Muñoz Torres, tomando posesión el 21 de abril. Se embarcó en la goleta de «Margoto» desde el puerto de la Luz el 25 de noviembre de 1766 a las cinco de la tarde con licencia de la Cámara. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Libro de Títulos de la Real Audiencia, núm. 36, años , f. 178 r. 269

6 6 blica» que presenció entre el regente y los ministros a poco de su venida de España. Por entonces, como el propio regente reconoce en el informe remitido al gobernador del Consejo el 12 de mayo de 1760, «ya se hallauan las cosas en mal estado» y aún se pondrían peor a mediados de 1759 como consecuencia de los diferentes planteamientos sostenidos por el regente y los ministros en torno a la extracción de granos desde Gran Canaria hacia Tenerife ordenada por el comandante general. Estas diferencias, y en particular lo sucedido con Juan de Miranda, acabaron poniéndose en conocimiento del Consejo por sendas representaciones del fiscal y los oidores el 29 de septiembre y 2 de noviembre de 1759 denunciando el comportamiento y malos tratos que les daba el regente Gonzalo Muñoz Torres. La formación del consiguiente expediente en averiguación de tales cargos nos ha permitido conocer los testimonios de los autos seguidos contra Miranda tanto en el Juzgado ordinario de La Laguna como en la propia Audiencia donde fueron en apelación 12. En ellos, y consecuentemente a través de estas páginas, quedan clarificados no sólo el motivo, la fecha de su salida de las islas y el tiempo de ausencia inferior a los veinte años que en el siglo XIX señaló A. Millares Torres, sino también su «silencio artístico» toda vez que entre los años de 1750 a 1772 se ha podido constatar que, al menos, trabajó en una obra de Jesús de Nazareno de Telde que le encargó el maestrescuela de la Catedral don Fernando Martínez Monteverde, en otra obra «del santo hospital» de Las Palmas, en cuatro retratos de los «dos hijos mayores» del regente Muñoz Torres 13 y, por último, en el cuadro intitulado «El rey Fernando III el Santo recibe en Sierra Morena a los embajadores de Mahomad, Rey de Baeza», enviado desde Orán para participar en el premio de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando correspondiente a la edición de No se encuentran en el fondo de expedientes de la Audiencia ni tampoco las sentencias correspondientes debido a la desaparición de tales libros antes de A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 121 v. 14 W. RINCÓN GARCÍA (1998),

7 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 7 1. DETENCIÓN, PROCESAMIENTO Y CONDENA A PRESIDIO DE JUAN DE MIRANDA POR EL JUZGADO ORDINARIO DE LA LAGUNA El 11 de noviembre de 1752, en la parroquia de los Remedios de la ciudad de La Laguna, recibía las aguas bautismales una niña a la que se puso por nombre Andrea María Tomasa, inscrita como «hija de padres no conocidos», pero que venía a ser el último fruto de la relación del maestro pintor Juan Ventura de Miranda, natural de «la isla de Canaria» y residente en la ciudad de La Laguna, con Juana Martín Ledesma, vecina de esta última ciudad 15. Probablemente, fue la gota que colmó el vaso porque el 4 de diciembre de dicho año «fue prosesado y preso por incontinencia y hauerle encontrado al tiempo de su prisión una espada y un puñal desnudos» 16. Los autos de oficio por «trato ilícito y demás deducido» se iniciaron ante la Justicia ordinaria de la ciudad de La Laguna y la cabeza de proceso formada contra ambos vino motivada por «el escándalo» que causaba el pintor Miranda en la casa de Juana Martín, «estando amanseuado con ella, y con quien (h)avía tenido distintas criaturas, como tanvién que, al tiempo de yrlo a prender con orden del jues y hallado en la calle de la espresada Juana Martín, estaua con una espada desnuda devajo del braso ysquierdo y en la mano derecha un puñal, tanvién desnudo, cuyas armas, en presensia del esscribano de la causa, se le (h)auían quitado por los ministros». Habiéndose mandado recibir la correspondiente sumaria sobre todo lo ocurrido, fueron examinados cuatro testigos, y, presos los reos y recibidas sus confesiones, se les puso la acusación. Recibida la causa a prueba y hechas las probanzas, estando conclusos los autos, se proveyó por el juez ordinario, el doctor don Salvador Antonio Morera, abogado de los Reales Consejos y teniente general de la isla de Tenerife, auto 15 M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ (1994), Escrito del regente Muñoz Torres al Consejo. Junto con Salvador Antonio Morera y el escribano Francisco Antonio Muñoz, firmaron dicho auto como testigos Luis López y Domingo Juan Esteban, vecinos de La Laguna. A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 118 v. 271

8 8 definitivo en la ciudad de La Laguna el 15 de febrero de 1755 decretando que, por «la culpa» que de dichos autos resultaba contra el citado Juan de Miranda, se le condenaba «en seis años de presidio, que cumpla en el de Orán con calidad de gastador, y no los quebrante pena de cumplirlos doblados». Por «su pobreza» no «se condena en costas, y casándose con la dicha Juana Martín, a quien se le apersiue, se declara cumple el subsodicho con dicha condenasión» 17. Aunque el matrimonio con la cómplice le liberaba de la pena, éste no se efectuó pero sí la apelación ante la Audiencia. 2. APELACIÓN A LA REAL AUDIENCIA DE CANARIAS Y RATIFICACIÓN DE LA CONDENA Notificado dicho auto, el pintor Miranda apeló de él para ante la Real Audiencia y, en virtud de la provisión que obtuvo, se le oyó la apelación, llevándose los autos del Juzgado ordinario de La Laguna a la Audiencia y, con ellos, se remitió el reo a la cárcel real de la ciudad de Las Palmas. A mediados del mes de marzo de 1755 ya estaba en dicha cárcel 18, permaneciendo en ella 19 hasta diciembre de 1757 en que, finalmente, fue enviado a cumplir su condena al presidio de Orán Ibídem, fs. 80 r.-v. y 118 v. 18 En la visita de presos realizada el 22 de marzo de 1755 figura un «Juan B(entura)» al que se decreta «acuda a su juez». A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Libro de visita de la cárcel, núm. 49, años , f. 12 r. 19 En las visitas generales de presos realizadas por la Audiencia el 17 de mayo y el 24 de diciembre de 1755 figura como Juan Miranda con el añadido de «siga», en tanto que en la realizada el 10 de abril de 1756 figura como Juan Bentura con el mismo añadido «siga». En posteriores visitas generales, realizadas el 5 de junio, 25 de septiembre y 24 de diciembre de 1756 y en la de 1 de abril de 1757, no se registra su presencia, figurando en la visita de 5 de junio de 1756 un Juan Baptista con el añadido de que «sea suelto de la prisión» al igual que en la realizada el 25 de septiembre con el añadido de «siga». Ibídem, fs. 26 v., 29 r., 34 v. y 43 v.-44 r. 20 Tanto el 4 de septiembre de 1756, cuando solicita a la Audiencia un aplazamiento de la ejecución de la sentencia por hallarse acabando «una obra de Jesús de Nasareno de Telde», como en diciembre de 1757, en que 272

9 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 9 Habiéndose visto en dicho tribunal superior los autos de oficio de justicia contra el «maestro pintor» Juan Ventura de Miranda y Juana Martín «por trato ylícito y otros exsesos de traer armas prohiuidas», el 13 de febrero de 1756 se expidió auto de vista por el que se reformaba en parte la sentencia del Juzgado ordinario de La Laguna. En su sentencia de vista, la Audiencia condenó a Juan de Miranda «en seis años de presidio, que cumpla en el de Orán y no quebrante pena de cumplirlos doblados», y a Juana Martín en «dos años de destierro fuera de la ciudad de La Laguna, que no quebrante pena de cumplirlos doblados», apercibiéndoles que en el futuro «viuan cristiana y honestamente pena que, de lo contrario, serán castigados con el mayor rigor que por derecho corresponda, y el puñal se fixe en la parte pública y acostumbrada», confirmándose el auto del Juzgado ordinario en lo que es conforme y revocándose en lo contrario 21. De este auto de vista dictado únicamente por los oidores Francisco Buitrago y Miguel Barreda se interpuso súplica por parte de Juan de Miranda y, conclusos los autos, se proveyó nuevo auto o sentencia de revista el 21 de mayo del mismo año confirmando el anterior de 13 de febrero. Notificado este auto de revista el propio día 21 de mayo, el reo Juan de Miranda quedó «rematado» para su traslado a presidio 23. Por ser «muy pobre» y «por su desgracia», la Audiencia, al igual que el juez ordinario, no le condenó en costas, pues, como manifestara el regente al Consejo, «tenía madre y dos hermanas muy pobres también y, por tales, las mantenía desde la cárzel con lo que en ella podía ganar con su pinzel» 24. Aunque quedó «rematado», su traslado a presidio aún se dilataría bastante tiempo. pide no se le envíe con otros presidiarios, se señala que se encuentra preso en la cárcel real. A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 19 r. 21 Ibídem, fs. 80 v.-81 r. 22 A diferencia de la sentencia anterior, en esta última el regente Muñoz Torres sí fue juez. 23 A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, fs. 80 v.-81 r. 24 Ibídem, f. 119 r. 273

10 10 3. PETICIONES DE JUAN DE MIRANDA A LA AUDIENCIA PARA QUE SE DEMORE SU ENVÍO A PRESIDIO PARA CONCLUIR CIERTAS OBRAS PICTÓRICAS El traslado de Juan de Miranda no se llevó a cabo de forma inmediata porque, como denunciaron los oidores y el fiscal de la Audiencia al Consejo de Castilla, se consumieron muchos meses «en voluntarios recursos» presentados por Miranda y aceptados por el regente Muñoz Torres. El primero de estos recursos se presentó unos meses después de la ratificación de la condena o, como diría el regente, «a los tres meses y catorce días de ejecutoriada su causa». El 4 de septiembre de 1756, el pintor Miranda, hallándose preso en la cárcel real de Las Palmas, representó a la Audiencia que, teniendo noticias de que por dicho tribunal se había determinado mandar que los presidiarios fuesen a cumplir su destino y destierro, suplicaba la suspensión de su remisión «hasta más adelante» porque «estoy acauando una obra de Jesús de Nasareno de Telde, la que me encargó don Fernando Martínes Monteuerde, dignidad de maestre de escuela de esta Santa Yglesia», y poder, en parte, «remediarme para no envarcarme con total yndesencia» 25. La Audiencia, obrando con la misericordia que Miranda pedía en su representación, accedió a concederle por decreto del mismo día la correspondiente licencia para que pudiese finalizar obra en cuestión, resolviendo que, por «a(h)ora y hasta nueba ocasión, se haga como por esta parte se pide» 26. En virtud de la licencia concedida, Miranda no sólo tuvo tiempo para concluir su obra de «Jesús Nazareno de Telde» sino para emplearse en otra de uno de los hospitales de Las Palmas, excusa utilizada para presentar un segundo recurso en la Audiencia. Ello ocurrió el 16 de diciembre de 1756 cuando, transcurridos ya tres meses desde la concesión de la anterior licencia y conocedor de que la Real Audiencia había determinado «pase a cumplir mí destierro con los (presos) que a(h)ora van», volvió 25 Ibídem, f. 81 r.-v. 26 Ibídem, fs. 19 r. y 119 r. 274

11 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 11 a suplicar 27 al tribunal que, hallándose con «una obra del santo (h)ospital principiada y reseuido prinsipio», dilatase su envío «para después, para poder finalisarla y, asimismo, cobrar unos maravedíes que en litigio están para sentenciarse ante el theniente 28, hallándome sumamente falto para mi envarque». En aras de conseguir su propósito, el pintor Miranda, además de aludir a la acostumbrada caridad del tribunal por no ser en perjuicio de tercero para obtener la dilación de dos meses, oferta al tribunal que, concediéndole «la gracia» para después, «supliré de mi trauajo los dies pesos que de penas de Cámara salen para dicho efecto, y esto a fin de poder yr con alguna desensia». La Audiencia, por segunda vez, estimó la solicitud de Miranda y, por auto del mismo día, suspendió el traslado que se iba a hacer al presidio o plaza de Orán con otros presos rematados al declarar «se haga en todo como por esta parte se pide» 29. Juan de Miranda había logrado una vez más dilatar su traslado al presidio de Orán. 4. EL CABILDO DE GRAN CANARIA SOLICITA LA DISMINUCIÓN Y CONMUTACIÓN DE LA PENA Y LA AUDIENCIA LO RECHAZA Agotados con creces los dos meses de licencia pedidos por Juan de Miranda, el Cabildo de Gran Canaria es quien, a diferencia de lo ocurrido en los aplazamientos anteriores, trata de mediar ante la Audiencia pretendiendo una «minoración» de la pena, «por lo necesario que era para el arte de pintor y no (h)auer en la ciudad otro más primoroso» 30, y su posterior «conmutación» de modo que el reo no saliese de la isla «a fin de que en ella exercitase y enseñase a otros el primor del arte de pintura que posee con perfesión» 31. La mediación se acordó a pro- 27 Miranda insiste en su situación de «preso en esta cárcel real» y destinado para los presidios de África. 28 En el Juzgado ordinario. 29 A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 81 v. 30 Certificación sobre el lance del pintor. Ibídem, f. 19 r. 31 Escrito del fiscal San Cristóbal el 7 de diciembre de Ibídem, fs. 19 v. y 83 r. 275

12 12 puesta de don Fernando Bruno del Castillo 32, alférez mayor, regidor perpetuo y gobernador de las Armas de la isla, cuando Miranda llevaba en la cárcel real «más de cinco años» por la causa que de oficio siguió contra él la real justicia y en atención a que era «señalado en el arte y careser esta ciudad de persona de su yntelixencia en él por su mucha utilidad, sin (h)auer de quien valerse para lo que ocurre, así por el culto diuino (por lo que toca a templos e ymágenes de deuosión) como por lo que hase a obras públicas y particulares, y faltar tanbién quien enseñe con perfecsión a otros que se quieren dedicar y aplicar a exersitarlo». Bajo el argumento de que en tales casos, haciéndose iguales representaciones, «si no se remite el todo de la pena, se minora en la mayor parte, aún en casos graues y delitos enormes, por el veneficio público que resulta de que (h)aya en los pueblos suxetos que se esmeren en facultades, artes y aun oficios», el alférez mayor fue del dictamen se hiciese súplica con informe a la Real Audiencia, donde pende la causa, por medio del procurador mayor para que «se sirua, en conformidad de lo que se representare y que estando preso no puede usar como se necesita de la pintura y enseñansa en ella, soltarle en aquella vía y forma que más vien (h)aya lugar y pueda ser a fauor del reo, su exersicio y utilidad pública». Tomada en consideración la propuesta, el Cabildo acordó el 9 de mayo de 1757 hacer la correspondiente súplica a la Real Audiencia «a fin del logro de lo que espone el señor alféres mayor», comisionándose para ello a don Juan Antonio del Río Loreto y Padilla, regidor perpetuo 33, en lugar del procurador mayor que lo era el también regidor don Isidro Ventura de Aguilar. El 26 de mayo de 1757, don Juan Antonio del Río dio cumplimiento a su diputación representando o suplicando a la Audiencia «se sirua remitir o minorar la pena ympuesta a Juan de Miranda, maestro de pintor, preso en la cársel real de esta ciudad», en atención a que, siendo el único oficial de esta arte en 32 M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ (1986), 300. M. DÍAZ PADRÓN (1956). 33 Certificación dada por Pablo de la Cruz Machado, escribano público, en Canaria el 21 de mayo de A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 81 v.-82 r. 276

13 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 13 toda la ysla, conviene a el público no se le priue de la comodidad y útil de que resida en ella, ya para quanto se ofrese en el culto diuino y obras nesesarias al común, y ya para que enseñe con perfesión a los que se dedican a este exersisio tan estimado en todos Reynos y, con espesialidad, en estos de España, que para inbitarles a el esmero y adelantamiento se comunican cartas de aviso y notoriedad para concursos en la Real Academia de San Fernando de Madrid, de que tanvién presento certificación, porque hasta aquí, parte tan distante y remota de aquella Corte, se vuscan y se visitan, motibo que lo da a mi Cauildo para esta súplica y representación, junto con la notoriedad de la (h)abilidad del referido Juan de Miranda y no ser su delito de grauedad que meresca pena capital, ni hasen otras sircunstanciadas en que tanvién puede tener lugar el que no partisipe el común castigo como un particular porque en la pérdida de él pierde lo que ynteresa la causa pública» 34. La Audiencia 35, habiendo visto los autos ejecutoriados seguidos de oficio de justicia contra Juan de Miranda y Juana Martín por trato ilícito y otros excesos, con lo pedido por parte del Cabildo de Gran Canaria en su escrito de 26 de mayo y «recados» presentados, desestimó el recurso declarando por auto de 28 de junio de 1757 que «no ha lugar a lo que pide la Ciudad, quien use de su derecho dónde y cómo le convenga» 36. El Cabildo o Ciudad no insistió en su pretensión ni usó de su derecho, como tampoco lo hizo el propio Miranda, para dirigir su súplica hacia otras instancias de gobierno superiores, pese a que, como señala el regente, con lo mandado en su último auto por la Audiencia se le dio a entender, «en términos muy claros, que, puesto que la Ciudad y su alférez mayor se interesaban tanto por su permanencia en ella y en esta ysla, acudiesen a la real persona de S.M. a solicitar su indulto» 37. Aún así, Miranda intentará con un último recurso frustrado dilatar su envío a presidio. 34 Ibídem, f. 82 r.-v. 35 Formada para dictar este auto por el regente Muñoz Torres y los oidores Francisco Buitrago y José Cavero. 36 A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 82 v. 37 Ibídem, f. 120 r. 277

14 14 5. EL PINTOR MIRANDA Y SU FAMILIA INTENTAN UN ÚLTIMO RECURSO ANTE EL REGENTE Fracasada la solicitud de rebaja y conmutación de la pena realizada por el Cabildo de Gran Canaria, Miranda y su familia intentaron valerse de la influencia del regente Muñoz Torres para dilatar una vez más su envío a presidio pidiendo que el traslado no se hiciese con otros reos castigados con la misma pena. En realidad, esa era la estrategia seguida hasta el momento, sólo que ahora no prosperará por la intransigencia de los ministros de la Audiencia, abiertamente enfrentados con el regente. La pobreza y necesidad que padecían su madre y hermanas era tal que éstas, para que no les faltase el «cuotidiano y preciso alimento», y el propio reo suplicaron al regente, con las mayores instancias, a principios del mes de diciembre de 1757 que «no le embiase en compañía de otros cinco que, por ladrones y otros delitos feos, estaban condenados a presidios de África». La mañana del día 6 de diciembre, estando el regente con los otros cuatro ministros en la Audiencia, una vez finalizado el despacho de los pedimentos, mandó a los dos escribanos de Cámara dispusiesen los correspondientes para que los cinco reos en cuestión fuesen llevados al puerto de Santa Cruz, «en donde, al tiempo, (h)auía embarcación para el de Cádiz». En ese momento, Muñoz Torres se dirigió a los ministros 38 diciéndoles: «Juan de Miranda me ha pedido que no lo remita en esta ocación con esos reos condenados a precidio los que estaban en la cárcel y que lo remita muy enhorabuena, como vaya solo, en la primera ocación que se ofresca» 39. En esencia, era la misma petición de ocasiones anteriores, sólo que dirigida al regente, y buscando la dilación en el envío a su destino «en la primera ocasión que se ofrezca». La Audiencia, considerando que se había denegado la suspensión del envío de Miranda al presidio de Orán y viendo que se habían ejecutado otras sentencias posteriores, como las de 38 Según el regente lo hizo «con la verdad, bondad y buena fe que acostumbra». Ibídem, f. 120 v. 39 Ibídem. 278

15 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 15 Gregorio Pestano y Antonio Gómez, alias el «Gauo», y dejado pasar «no pocas embarcaciones en que fueron otros reos», no se allanó a lo planteado por el regente Gonzalo Muñoz Torres y le reconvino lo reparable que resultaba el «(h)aver oluidado tanto tiempo al mencionado Juan de Miranda para conducirlo al precidio de Orán» 40. La reconvención, en opinión del fiscal y de los oidores, causó tal desazón en el regente que no dudó en preguntar a los oidores «si no le era facultatibo el detenerle», respondiéndosele que «las ejecutorias no estaban en su mano». Tal respuesta no hizo más que aumentar su desazón el fiscal San Cristóbal señalará que era lo que tenía por costumbre, vilipendiando a todos los ministros y «hechando la campanilla en pública Audiencia y propalado, contestando con el señor don Miguel de la Barreda, que no era éste tribunal de niños», para terminar concluyendo que, «al fiscal de S.M., y no a vuestras señorías, yncumbía el pedir lo que en el asumpto tubiese por conveniente» 41. En opinión del regente, los hechos sucedieron de otra manera pues, a la buena fe 42 con la que se dirigió a los ministros, respondió el oidor don José Cavero, como reprendiéndole, con las palabras «Y la ejecutoria?», a lo que él contestó «Acaso porque se difiera se quebranta la executoria?», añadiendo «Yo no lo he de embiar por mí en esta ocación, que lo pida el señor fiscal e irá» 43. El fiscal, dado el clima de conflictividad que se vivía en el seno de la Audiencia, no eludió el reto. 40 Ibídem, f. 18 v. 41 En el escrito dirigido al Consejo el 2 de noviembre de 1759 por los oidores Buitrago, Barreda y Cavero se señala que cuando se hizo reparable al regente tanta dilación en el envío de Miranda a presidio «fue tal el tropel de campanillazos, tales los golpes en la mesa con la campanilla y tantos sus descompuestos y gritos, que resonaron en todas las cercanías de la Audiencia». Ibídem, fs. 18 r. y 36 r.-v. 42 En su opinión, si hubiese tenido alguna malicia en la gracia hecha a Miranda, no tenía que hacerles a los ministros «expresión de tan buena fe, como la referida, sino callar». Ibídem, f. 120 v. 43 Ibídem. Según señala el regente, este lance con Cavero se produjo cuatro días después de que el regente lo invitara a un convite en su casa con los otros tres ministros y sus familias. 279

16 16 6. EL ENVÍO DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN POR SOLICITUD DEL FISCAL SAN CRISTÓBAL El fiscal Julián de San Cristóbal no eludió el desafío y, en cumplimiento de la obligación de que la ejecución de los proveídos estaba a su cargo como reconocía el regente, elevó el correspondiente escrito a la Audiencia el 7 de diciembre de 1757 en el que, poniendo de relieve el respeto y autoridad del tribunal, solicitaba que el reo Juan de Miranda fuese conducido a su destino. Ante las noticias de «estarse disponiendo y hauilitando varios reos sieruos de la pena para pasar a los respectivos presidios a que los (h)a condenado este superior tribunal» y el hecho de haber transcurrido más tiempo del que necesitaba la obra pía que realizaba Miranda en el «santo hospital», por «cuya mira se le permitió a dicho Juan Ventura de Miranda mantenerse en esta cársel real», el fiscal recuerda a la Audiencia la conveniencia de poner en ejecución las sentencias que, «después de tantos de(s)uelos, fulminan los tribunales de S.M. para haser visible a todo el mundo el selo con que se corrixen y castigan los exsesos y escándalos de éste y semexantes reos», añadiendo que era muy conforme a derecho y a la práctica y estilo de dicho tribunal el que, «sin perder tiempo y en la presente ocasión, se embarque para su destino con los demás reos este pintor a su costa», en conformidad del allanamiento que hizo cuando solicitó, y se le concedió el 16 de diciembre de 1756, la suspensión por entonces al presidio de Orán, y, «si no tubiese de qué satisfaser su transporte, que se libre éste en las penas de Cámara y gastos de justicia». El fiscal San Cristóbal, tras señalar que «corresponde que esto se haga así» por ser privativo del rey «poder remitir el reo la pena que esté ya executoriado deuérsele a su delito», como lo había declarado «en pocas palabras» la Audiencia en su auto de 28 de junio de 1757, acaba pidiendo a la Audiencia que dispusiese «la más breve remisión» de Juan de Miranda al presidio de Orán por convenir a la causa pública, al respeto del tribunal que lo sentenció y al «escarmiento de otros qualesquiera insignes artífises para que no crean asegurada la 280

17 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 17 ynpugnidad de sus crímenes en la estrella de su arte, pues todo deue seder al vien público» 44. Por decreto proveído el mismo día 7 de diciembre, la Audiencia dispuso «se haga como se pide por el señor fiscal de S.M.» 45. De esta manera, en contra del criterio del regente, «fue Miranda en compañía de los otros cinco condenados a presidio», siendo así que esto, según señala Muñoz Torres en su informe dirigido al Consejo, «era lo que él más deseaba no succediese por ser mozo de razón y del pundonor correspondiente a su noble arte de la pintura» 46. Desconocemos cuándo se produjo su partida, si bien cabe pensar fundadamente que Miranda abandonara la isla de Gran Canaria durante los últimos días del mes de diciembre de 1757 o en los primeros meses de 1758, probablemente en dirección al puerto de Cádiz, vía Santa Cruz de Tenerife, para desde allí continuar posteriormente en derechura al presidio de Orán. Su estancia y presencia en dicha plaza no ofrece dudas. Dos argumentos lo avalan. Uno, las palabras del propio regente cuando señala que «fue Miranda en compañía de los otros cinco condenados a presidio»; y dos, su participación en la edición o concurso de los premios de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando correspondiente al año Este segundo argumento es mucho más contundente que el primero porque en dicha edición o concurso firmaron siete opositores y, aunque sólo presentaron sus obras cinco, entre ellos figura Juan Ventura de Miranda, quien envió desde Orán su cuadro intitulado «El rey Fernando III el Santo recibe en Sierra Morena a los embajadores de Mahomad, Rey de Baeza», conservado en el Museo de la citada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 47. Al término de su condena, Miranda fue devuelto a la Península y por tierras peninsulares desarrolló su labor pictórica hasta que 44 Ibídem, fs. 20 r. y 82 v.-83 r.-v. 45 Según manifestación del regente, oída que fue la petición del fiscal por el regente, «sólo se dixo como lo pide el señor fiscal», aunque el auto, según se acostumbra, «se halla puesto assí: Los señores dixeron...». Ibídem, fs. 19 r.-20 v. y 121 r. 46 Ibídem. 47 W. RINCÓN GARCÍA (1998), 46-48, 281

18 18 en 1773 regresa a las Islas Canarias, realizando desde entonces y hasta su muerte en 1805 «la práctica totalidad de su producción» EL ENVÍO DE MIRANDA A SU DESTINO, UN REFLEJO DE LA CRISIS DE LA AUDIENCIA? Llegados a este punto conviene plantearse hasta qué punto la crisis interna de la Audiencia resultó tan determinante en el envío de Miranda a su destino y si tal crisis era real. El relato de los hechos en torno al proceso y prisión de Juan de Miranda, en particular lo sucedido a principios de diciembre de 1757, pone de manifiesto que en la determinación adoptada entonces acabó influyendo la crisis interna que padecía la Audiencia de Canarias y que la crisis era real tal y como lo confirman las palabras del fiscal y del regente. En opinión del fiscal Julián de San Cristóbal, la reconvención hecha por la Audiencia al regente para que se procediese a la ejecución del proveído enviando y conduciendo a su destino al reo Juan de Miranda a cumplir su pena al presidio de Orán, fue la «causa de la primera discordia pública» que presenció entre el regente y los ministros apenas transcurridos tres meses desde su llegada de España 49. Afirmación que es corroborada por el regente Muñoz Torres en el relato de lo ocurrido en octubre o noviembre de 1757 con ocasión del bautizo de un hijo del oidor José Cavero, en el que el regente reconoce que, «aunque ya se hallauan los cosas en mal estado», no dudó en preguntar a los oidores Cavero y Buitrago cuando acudieron a comunicarle la noticia para «no darles más fomento a los disturbios»: «Y, qué se hace en este caso»?, sin 48 M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ (1994), Con posterioridad a este episodio continuaron las diferencias hasta el punto que a fines de 1759 tenían «separada la comunicación» del regente con el fiscal de S.M. y demás ministros de la Real Audiencia, «nasidas prinsipalmente de sostener los respectos del tribunal, no permitir haga y publique ser únicamente su persona la Audiencia, como lo juro (h)avérselo oydo varias veses, e yntentar, en cumplimiento de su oficio, se lleuen a deuido efecto los proueídos de Vuestra Señoría (Audiencia)». A.H.N. Consejos, leg , exp. 17, f. 1 r. 282

19 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 19 que supieran responderle, ni cómo se había gobernado su antecesor don Antonio Varela Bermúdez. Informado posteriormente por el oidor Buitrago de cuál era la costumbre, el regente pasó a visitar a la mujer de Cavero después que salió de su casa para la iglesia todo el «acompañamiento», y, tras darle «la enhorabuena de su felicidad», esperó hasta su regreso y, despidiéndose de todos, se volvió a su casa. De nada sirvió tanta atención por parte del regente porque, en aquella misma tarde, Cavero convidó a su casa a la regenta, a todos los ministros y sus mujeres, a los dos inquisidores y a cuantos más quiso, pero no dijo «ni una palabra al regente, ni embiádole recado para que asistiese a la función aquella tarde y noche» 50. La crisis o división suscitada en el seno de la Audiencia no era novedosa, lo verdaderamente novedoso era que el enfrentamiento se ciñese al regente con los ministros. Como señala el propio Muñoz Torres, en tiempos de su antecesor Varela Bermúdez, la Audiencia ya «estaba diuidida en dos partidos, cuyas reliquias alcancé y experimenté en los primeros pleytos que le oí votar a los ministros de los que hauían visto antes de hauer 50 De lo sucedido fueron testigos todos los asistentes, pero principalmente los dos inquisidores, don Juan Guerrero y don Bernardo Loygorri, quienes habiendo encontrado al regente de paseo, por casualidad, le preguntaron «si iba aquella noche a casa de don Joseph Cavero, y les respondió que cómo hauía de ir si doña Manuela, muger de don Joseph, sólo le hauía embiado recado a la regenta, sin hauer tomado en voca ni ella ni su marido al regente». Aunque la reacción del regente era previsible, sin embargo en un convite celebrado en su casa el 3 de diciembre de 1757 quiso enseñar a los ministros, y particularmente a don José Cavero, lo que debían obrar e invitó aquella tarde y noche a los tres ministros, sus mujeres y familias, al fiscal Julián de San Cristóbal, a los dos inquisidores, a diferentes dignidades y canónigos de la catedral, y a otras personas, «sin que ninguna faltase a la asistencia del convite». Este fue el último convite que hizo el regente a los ministros porque apenas 24 días más tarde, el 27 de septiembre, firmaron los cuatro una representación para el Consejo de Castilla «acusándole al regente sobre la visita que hizo al ynquisidor don Joseph Hermosa y las demás que expresaron, en que se descubre lo interior de sus corazones y modo de portarse con su cabeza el regente, que a tener otro genio y carácter, hauía de hauérseles anticipado (como se lo instaron muchíssimos por entonces), poniendo en noticia del Consejo la resolución que tomaron en la casa del fiscal de no visitar al Ynquisidor». Ibídem, pieza 3, f. 100 v. 283

20 20 tomado posessión de mi empleo». El primer partido lo componían el regente saliente y los oidores don Francisco Buitrago y don Miguel Barreda; en tanto que el segundo lo estaba por el oidor don Miguel de Arredondo Carmona y el fiscal don Manuel Fernández de Vallejo 51. Muñoz Torres, conocedor a su llegada de la situación del tribunal y de la isla por los informes que le dio el 21 de octubre de 1755 un «sujeto de prendas mui relevantes, de la más acreditada verdad y que tenía un total conocimiento de las cosas desta Audiencia e Ysla» 52, se desentendió de ello sin pretender atraer a ninguno de los ministros «sino que cada uno 51 Ibídem, f. 106 v. 52 El regente dice que el 21 de octubre de 1755, cuando estaba tomando las disposiciones para venir a las islas, un «sujeto de prendas mui relevantes, de la más acreditada verdad y que tenía un total conocimiento de las cosas desta Audiencia e Ysla», le puso de su puño y letra la posdata: «Amigo y señor: a(h)y va esa cartilla de las Canarias, donde le deseo a vuestra merced poca permanencia, el país es bueno, y sólo tiene de malo el estar distante de la penínzula. En la Audienzia enquentra vuestra merced muy buena gente. El fiscal es gran mozo, y muy honrrado y acreedor a la confianza de vuestra merced. Barreda sería tan bueno como el fiscal en otro theatro, pero hauiéndose casado en Canaria, teniendo amistad con el canónigo Caraveo, alias el Diablo, y dejándose gouernar de Buytrago, le concibo fácil de implicarse en asumptos que le puedan ser perjudiciales. Buytrago, que es el más antiguo, se crió en las pasantías de Madrid, estudiando en lo de pane lucrando, fue alcalde mayor de Orán, donde seguiría el mismo estudio, y a(h)y le considero muy cargado de compadres y amistades por lo que es menester oírlo con cuidado; desde luego concibo abrá estado haciendo corte al señor Guerrero, colegial de vuestra merced, desde que supo pasaba vuestra merced a yslas. Este es su genio, amigo, de que crean puede mucho y lo entiende todo, téngole por buen christiano y ajustado, en los primeros años estudió theología, tomó ya grande los libros de leyes y las maneja a lo theólogo, nada de esto es malo, pero el tener tantos compadres y amigos puede serlo sin que él lo conosca. Del nuevo nada sé, etc. El tribunal es de justicia y los ministros substancialmente muy buenos, sin embargo, a la llegada le dirán los canarios mil boberías y embustes, a nada dé vuestra merced ascenso, y el tiempo le desengañará breuemente. En lo judicial contencioso cada qual debe seguir su dictamen, y en esto no cabe partido, en lo demás corresponde al honor del regente sea seguido su dictamen y deberá serlo el de vuestra merced por sus circunstancias y experiencias, para ello será bueno atraiga vuestra merced al fiscal, que es bello mozo, y que separe a Barreda de la adhesión que tiene con Buytrago, etc.». Ibídem, fs. 104 v.-105 v. 284

21 EL ENVÍO DEL PINTOR JUAN DE MIRANDA AL PRESIDIO DE ORÁN 21 usase de la livertad christiana que deben tener los juezes, sin respeto alguno humano, sino es solamente el de Dios y del rey» 53. Siguiendo esta máxima, desde su llegada a las islas, trató a los ministros con «atención, buena armonía y correspondencia» hasta el tiempo que ellos mismos, por sus operaciones, «le embarazaron las continuase». El regente niega haber dado motivo para ello 54 pues, desde el primer día que empezó a servir su empleo, se limitó a cumplir con su obligación, siendo precisamente «el hauerles hecho cumplir con la obligación de los suyos (empleos) a los oydores y al fiscal don Julián de San Christóval», la causa del «disgusto que, sin razón la más mínima, empesaron a concebir del regente don Francisco Buytrago y don Miguel Barreda, que son efectivamente los que movieron a los demás para estas turbaciones, pero con la especialidad, de que realmente conoce el regente, que si no huviera venido a esta Audiencia de fiscal don Julián de San Christóval, que ha sido el peor de todos por su carácter y genio altivo, desmedido y poco considerado 55..., no huvieran, de modo alguno, llegado a tal extremo tantos escándalos» Ibídem, f. 106 v. 54 Muñoz Torres señala que, a los cuidados y trabajos que le ocasionaron, «assí el comandante general desde el principio como estos quatro ministros después», atribuye la enfermedad de sarna que contrajo desde el 11 de agosto de 1759 en que se puso formalmente en cura por dictamen del médico en el lugar de Telde y el 22 de septiembre en dicho lugar y Agüimes, de donde regresó a Las Palmas el 10 de octubre «sin hauerse podido livertad de su enfermedad» para ocuparse de los robos y contrabandos que se hacían en la isla de Fuerteventura de la yerba de orchilla. El 22 de diciembre le ordenó el médico que «absolutamente dejase de un todo los negocios y se fuese al campo a curar por la terzera vez, como lo executó a Tafira el 23 inmediato, que dista una legua desta ciudad y en aquella hazienda estubo medicinándose tomando vaños y la leche de burra hasta el 31 de enero del presente (1760)», en que debió regresar a la ciudad para ocuparse de los negocios que le habían llegado de España. Ibídem, f. 98 r. 55 Muñoz Torres también define al fiscal como «sujeto que se detiene muy poco en faltar a la verdad abiertamente» (antes de venir a las islas escribió a la regenta que iría a la ciudad de Alfaro a visitar a su madre y no lo hizo) y que «tampoco se detiene en afirmar, con juramento, lo que no es cierto». Ibídem, fs. 91 v.-92 r. y 93 v.-94 r. 56 Ibídem, pieza 3, f. 95 v. 285

22 22 Las desavenencias surgidas en el seno de la Audiencia hasta el momento del envío de Juan de Miranda a su destino estuvieron relacionadas con la supresión desde el primer día que asistió el regente a la Audiencia, que fue el 26 de abril de 1756, de ciertas prácticas o estilos presentes en el gobierno de la Audiencia canaria. Entre ellas pueden citarse: 1. La costumbre que había de salir al despacho en invierno a las nueve y media y en verano a las ocho y media Que el sacerdote saliese al altar a decir la misa desde que llegaba el regente de su casa a la sala del Acuerdo Sucedió que después de oída la misa, habiendo salido el sacerdote y portero, tocó la campanilla para pasar al despacho en la sala pública y, en el momento de levantarse, le dijo el oidor Buitrago «que se estubiera quieto», a lo que le replicó el regente «pues, qué tenemos que hazer aquí»?, respondiéndole que acostumbraban a estarse un rato en conversación antes de salir a ella. El regente respondió «no, no, si no tenemos que hazer vámonos a despachar». Tal expresión, en opinión de Muñoz Torres, la «sintieron notablemente, aunque no lo manifestaron entonces, don Francisco Buitrago y don Miguel Barreda porque, en realidad, era reprehenderles lo que practicauan antes». Como reconoce el propio regente, don José García Cavero, al ser nuevo como el regente en el tribunal, no tuvo parte alguna de semejante perjuicio que se hubiera seguido al público en caso de haber condescendido con la proposición de don Francisco Buitrago. Ibídem, f. 96 r. 58 La salida del regente se producía después que oía el reloj de la Catedral, que era por el que se gobernaba la Audiencia «por no auer otro en esta ciudad». Sin embargo, se producía la anomalía de que el que gobernaba el reloj «lo atraza todos los días por la mañana media hora y, si ha de entrar la Audiencia a las siete, en el tiempo son ya las siete y media, y después la hora que hauía de seguir cabal no es más que media porque el relogero lo adelanta». Con este ardid se causaba al despacho de los negocios públicos un fraude de 45 días porque la Audiencia, tanto en invierno como en verano, no tenía sino dos horas y media de despacho, dándose la circunstancia de que, si por algún motivo, se producía alguna detención en la Audiencia después de dada la hora, los oidores Barreda y García Cavero manifestaron que, «oída ésta, no se detenían en ella ni un instante». Cuando el regente conoció esta práctica, se la insinuó al deán del Cabildo Catedral y el perjuicio que se causaba a los litigantes, obteniendo por repuesta que «la Cathedral tenía el relox para su gobierno, y que la Audiencia y la Ciudad podían, si quisiesen, poner otro para el suyo». Personas ancianas y dependientes de la Audiencia informaron al regente que «ésta tenía en el 286

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