4º Domingo de Cuaresma


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Transcripción

1 Cuaresma Escuelas Católicas 4º Domingo de Cuaresma Nuestro lema cuaresmal Acortar distancias Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos A. de Saint-Exupèry Lecturas de esta 4ª semana: - 1ª Lectura. Del libro de Josué 5, Salmo: Gustad y ved que bueno es el Señor - 2ª Lectura. De la 2ª Carta de S. Pablo a los Corintios 7, Evangelio según San Lucas 15, 1-3, ORACIÓN DE LA CONFIANZA EN DIOS Monitor: Mirad, levantad la cabeza, que hay un Dios escuchando 1 alumno/a: Porque confiamos más en el hombre que en Dios, 2 alumno/a: Porque hemos creído en redenciones falsas, 3 alumno/a: Porque hemos oído a salvadores falsos 1. Porque alimentamos esperanzas pequeñas, 2. Porque no allanamos los caminos, 3. Porque nos sentimos salvados por las cosas.

2 . 1. Porque nos cuesta descubrir a Jesús como Salvador, 2. Porque nos cuesta aceptar que la salvación se nos da como un regalo, 3. Porque no acabamos de entender que ya estamos salvados.. 1. Porque dejamos para después el convertirnos, 2. Porque perdemos la alegría de ser salvos, 3. Porque no sabemos muy bien de qué necesitamos salvarnos. 1. Porque vivimos sin comprometernos mucho, 2. Porque no pensamos más que en nosotros mismos, 3. Porque olvidamos con frecuencia que otros nos necesitan, Porque ya parece que no tenemos esperanza ni amistad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu santo Como cada semana, los alumnos/as buscan las lecturas de la 4ª semana en la Biblia como ejercicio de aprendizaje. Se invita a que alguno proclame en voz alta la palabra de Dios. Puede hacerse un breve comentario. Mejor que lo hagan ellos.

3 Lectura reflexiva El pastelero y el mendigo Cuentan que un mendigo solía sentarse a la puerta de una tienda de dulces y pasteles para pedir limosna. Se sentaba en la postura de lo, es decir con las piernas cruzadas, junto a la puerta y esperaba en silencio que le echaran algunas monedas en el cuenco que tenía a sus pies. Los clientes que salían con sabrosas tartas, pasteles y golosinas se conmovían por su quietud y le dejaban como limosna algunas monedas que les habían sobrado. Pero al pastelero le molestaba su presencia: - Va a espantarme a la clientela! se decía. - Así, un día se dirigió a él de malos modos. - Se puede saber por qué te pones todos los días junto a mi puerta? Por qué no te vas a la puerta de una iglesia? Allí no molestas, y no hay peligro de que espantes a los elegantes clientes que vienen a mi tienda. Y, además, sacarás allí más limosnas. - Oh!- exclamó el mendigo saliendo de su meditación-. Elijo este lugar porque de tu horno sale un aroma tan exquisito que solo al aspirarlo me sacia el hambre. Aquello enfureció más aún al pastelero: - Ajá! Así que yo me levanto muy temprano, acarreo los sacos de harina, y los cántaros de agua, mezclo huevos y azúcar, me fatigo amasando y moldeando, me sofoco con el calor del horno y todo para que tú te aproveches del aroma de los pasteles que yo he hecho con mi trabajo y del calor que sale. Págame ahora mismo el aroma que has aspirado. - Pero si no tengo dinero! se defendió el mendigo. - Tienes tres monedas en tu cuenco. Dámelas! Son mías! Como el mendigo se resistía, acudieron al juez de la ciudad, que tenía fama de justo. El magistrado escuchó primero al pastelero:

4 - Señoría! -clamó-, este hombre aspira el olor de los pasteles que yo fabrico con el sudor de mi frente. - Es eso verdad? preguntó el juez al mendigo. Este bajó la cabeza. - Sí, señor. Es un aroma tan exquisito que aplaca el hambre de mi estómago, me alegra la mañana y da paz a mi corazón. El juez reclamó: - Cuántas monedas tienes en el cuenco? - Tres, señor,. Es todo lo que tengo. - Dámelas. El mendigo obedeció, y cuando tuvo las monedas en su mano, el juez las lanzó al aire. Las monedas cayeron sobre el suelo de mármol de la sala, produciendo un alegre tintineo metálico. Al verlo, el pastelero se lanzó al suelo a recogerlas. Y en ese momento el juez exclamó: - Alto ahí! Alguaciles: expulsen a este hombre de la sala! El comerciante quedó atónito: - Pero, señoría, si solo iba a recoger esas monedas que son mías. Y el juez sentenció: - No! Las monedas son del mendigo. El ya te pagó. - Pero, cómo? - Sí, el sonido de sus monedas son el justo precio del aroma de tus pasteles. Vete y no vuelvas nunca por aquí. Preguntas para el diálogo: - No siempre lo que considero mío es un bien social, no ayuda a otros. - La envidia y los celos nos dominan muchas veces cómo actuar para no dejarme dominar por ellos? - Es tan difícil ser generoso y compartir con otros lo que uno tiene?

5 - La generosidad y la ayuda mutua puede ayudar a acortar distancias? Que cuenten gestos de solidaridad que hayan visto en estos tiempos de crisis. Oración final: SEÑOR DIOS, haz que nunca endurezcamos nuestro corazón ante quienes piden nuestra ayuda. Haznos generosos con quienes más lo necesiten. Que a nadie le falte el pan de cada día en estos tiempos difíciles para todos. Ayúdanos a acortar distancias con los demás. Amén.

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